En la conversación empresarial de la Riviera hay una petición que se repite con la fuerza de lo evidente: más presupuesto de promoción. La sostiene un dato real, que República Dominicana, el competidor que crece mientras Cancún cae, presupuesta más promoción por visitante que Quintana Roo. Pero hay un segundo dato, igual de real, que casi nunca se sienta en la misma mesa: el gasto de promoción que el estado ejerció en 2025 fue el más alto de su historia, 2.2 veces el de 2018, y la afluencia cayó de todos modos. Los dos bandos del debate tienen media razón. Esta pieza pone las dos mitades juntas.
La serie: el dinero ya creció
El Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo ejerció $579.5 millones en 2018. En 2025 ejerció $1,269.9 millones, según las Cuentas Públicas del propio Consejo. Entre esos dos puntos la serie no es una línea recta: sube a $640.1 millones en 2019, cae con la pandemia a $555.1 millones en 2020, toca su punto bajo en 2022 con $499.3 millones, y de ahí escala tres años seguidos: $769.8 millones en 2023, $884.1 millones en 2024, $1,269.9 millones en 2025. Desde el piso de 2022, el gasto se multiplicó por 2.5 en tres años.
El contexto que carga esta serie es federal. En 2019 desapareció el Consejo de Promoción Turística de México y con él la bolsa federal que promovía los destinos del país en el extranjero. Desde entonces, la promoción del Caribe mexicano corre por cuenta del estado. La respuesta institucional a esa desaparición fue clara: gastar más. La serie lo muestra sin ambigüedad.
Lo que la serie también muestra es el desenlace. El año de mayor gasto de la historia del Consejo, 2025, es el mismo año en que la afluencia estatal empezó a doblarse, y 2026 abrió con los aeropuertos cayendo y la recaudación hotelera acelerando su caída trimestre a trimestre. Más dinero no compró más visitantes. Esa es la mitad del debate que la petición de "más presupuesto" no está viendo.
Lo que República Dominicana compra con cinco dólares
La comparación con República Dominicana necesita hacerse con cuidado, porque las que circulan mezclan universos. La escala, primero: los tres aeropuertos de Quintana Roo movieron en 2025 el equivalente a 10.3 millones de llegadas aéreas internacionales, contra 8.9 millones de todo República Dominicana. El estado mexicano mueve 1.16 veces las llegadas del país completo. No somos el chico del barrio comparándose con el grande; somos el mercado más grande de la comparación.
Ahora el dinero. El Fondo Mixto de promoción dominicano tuvo en 2025 un presupuesto de 2,899 millones de pesos dominicanos, unos 327 pesos dominicanos por cada llegada al país: alrededor de 5.3 dólares por visitante. El presupuesto aprobado del Consejo quintanarroense para el mismo año, $752.9 millones, equivale a unos 3.8 dólares por llegada. Presupuesto contra presupuesto, República Dominicana destina cerca de 40% más promoción por visitante que Quintana Roo.
Pero el presupuesto aprobado no fue lo que Quintana Roo gastó. Con ampliaciones durante el ejercicio, el Consejo terminó 2025 ejerciendo $1,269.9 millones, 69% arriba de lo aprobado. Medido con el gasto real, Quintana Roo erogó unos 6.4 dólares por llegada: más que el presupuesto dominicano por visitante. La comparación tiene una asimetría que conviene dejar dicha: de República Dominicana conocemos lo presupuestado, no lo ejecutado. Aun con esa reserva, el hallazgo se sostiene por sí solo: en el papel, Quintana Roo destina menos promoción por visitante que su competidor; en la práctica de 2025, terminó gastando más. Y la afluencia cayó de todos modos.
El modelo: la diferencia no está en el monto
Si el dinero ya creció y el resultado no llegó, la pregunta útil deja de ser cuánto y pasa a ser cómo. Ahí es donde los dos sistemas se separan de verdad.
El dominicano está escrito para durar. El Fondo Mixto de promoción se alimenta de la tarjeta de turista por mandato legal, se gobierna entre el ministerio y el sector privado, y su presupuesto atraviesa gobiernos sin rediseñarse cada año. La presencia dominicana en las ferias internacionales que ha sorprendido a más de un empresario de la Riviera no es una campaña: es la superficie visible de una maquinaria que lleva décadas recibiendo combustible por ley.
El quintanarroense está escrito para ajustarse. La Ley del Impuesto al Hospedaje ordena, en su artículo 19, que el 20% de lo aprobado por ese impuesto se destine a un fideicomiso de promoción turística. Ese es el piso normado, y es reciente: existe desde la reforma de diciembre de 2022. Todo lo demás es decisión anual. El presupuesto del Consejo se aprueba cada diciembre y se modifica durante el ejercicio: en 2025 el aprobado fue $752.9 millones y el ejercido $1,269.9 millones; en 2021 ocurrió lo contrario, un modificado de $1,485.6 millones del que se ejercieron $575.5 millones. El presupuesto real de promoción de Quintana Roo no se decide en el diseño: se decide sobre la marcha, año por año, ampliación por ampliación.
Ninguno de los dos modelos garantiza visitantes. Pero uno permite planear campañas de tres años y el otro obliga a defender la bolsa cada diciembre. Cuando el empresario de la Riviera pide "invertir como antes", lo que está describiendo sin nombrarlo es el modelo que México desmontó en 2019 y que República Dominicana nunca desmontó.
El círculo se cierra en la caja
Aquí esta pieza se encuentra con la anterior. El fideicomiso de promoción se fondea con el 20% de lo aprobado por el impuesto al hospedaje, y ese impuesto acumula un semestre cayendo 9.52%, con el segundo trimestre cayendo 14.7%. Como el porcentaje se calcula sobre lo aprobado y no sobre lo recaudado, la promoción de 2026 ya está fondeada: $728.7 millones. El golpe llega con rezago: si la recaudación de 2026 cierra abajo, la estimación de la Ley de Ingresos 2027 nace recortada, y con ella la bolsa de promoción del año siguiente. Justo cuando el destino más necesita promoverse, el mecanismo que fondea la promoción se encoge.
Ese interés no es nuevo ni es de especialistas. En el archivo histórico de solicitudes de transparencia, el gasto de promoción desglosado por destino está entre lo que más se le pregunta a la Secretaría de Turismo estatal, y el cobro hotelero local, el derecho de saneamiento ambiental, entre lo que más se le pregunta al municipio de Solidaridad. La ciudadanía lleva años pidiendo estas cuentas. Lo que no había era la serie completa, verificada contra fuente primaria, puesta en una sola mesa con el competidor. Ahora está.
Lo que falta por saber, y cuándo se va a saber
Quedan huecos, y conviene decirlos. El tamaño real de la promoción federal después de 2019 está solicitado por transparencia a la Secretaría de Turismo federal, con respuesta esperada en agosto. El decreto constitutivo del fideicomiso de promoción estatal, con su comité técnico y sus reglas de operación, sigue por localizarse en el Periódico Oficial. Y del lado dominicano falta el ejecutado, que permitiría cerrar la comparación con la misma vara en las dos columnas.
El momento que va a poner todo esto a prueba tiene fecha: diciembre. El Consejo corre 2026 con un aprobado de $789.2 millones; si el patrón de los últimos años se repite, el ejercido será otra cosa, y no se conocerá hasta la Cuenta Pública de 2027. Ahí mismo, en diciembre, se aprueban la Ley de Ingresos 2027, con la estimación del impuesto al hospedaje golpeada por este año, y el presupuesto 2027 del Consejo. Esa discusión va a decidir cuánto. Este monitor va a estar mirando el cómo.